Elena Lyubimova (izquierda) después de la expedición en el barco científico Argo y la oceanógrafa estadounidense Marie Tharp (derecha), que se vio obligada a estudiar el océano desde tierra firme. Año 1964. Foto de G. Udintsev.

Yelena Lyubimova: mitos, paradojas y tabúes a bordo

22.abril.2020

Yelena Aleksandrovna Lyubimova (1925-1985) fue una geóloga soviética conocida por su investigación geotérmica y una de las primeras geofísicas de la Unión Soviética en realizar investigaciones en el Océano Atlántico.

Lyubimova nació en Moscú y se graduó en 1949 en la Facultad de Física de la Universidad Estatal de Moscú. Su tutor Tikhonov la consideraba una de sus estudiantes más capacitadas.

Toda la carrera profesional de Elena se llevó a cabo en el Instituto Geofísico, hoy en día el Instituto de Física de la Tierra de la Academia de Ciencias de Rusia. Su investigación abarcó los problemas importantes de la geofísica y la geotermia: el intercambio de calor en el interior de la Tierra, la evolución de la Tierra y la Luna, las zonas de subducción y propagación, el flujo de calor a lo largo de continentes y océanos en el Ártico, las anomalías de flujo de calor o la electroconductividad.

Fue fundadora del Comité Internacional de Flujo de Calor y su presidenta entre 1971 y 1979. Coordinó un proyecto importante para mapear el flujo de calor en la litosfera y fue autora de numerosos artículos científicos. Durante sus más de 35 años en el Instituto Geofísico, supervisó a numerosos candidatos doctorales. Yelena Lyubimova murió el 22 de abril de 1985 a la edad de 60 años.

Pero además de su carrera profesional hay un hito que la acompaña.

Elena Lyubimova fue la primera mujer científica en embarcar en un buque oceanográfico estadounidense

Hoy en día en el campo de la oceanografía trabajan cientos de científicas y científicos. Sin embargo, hasta mediados de la década de 1960, las científicas no podían participar en expediciones oceanográficas salvo excepciones. La prohibición de embarcar para mujeres tiene una larga historia, arraigada en mitos y leyendas antiguas, comenzando con la Odisea de Homero. No hubo mujeres a bordo del primer buque científico Challenger, que realizó expediciones entre 1872 y 1876.

Durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial no se permitía mujeres en buques de investigación de instituciones oceanográficas estadounidenses, que trabajaron activamente en el océano en los años de la posguerra. Un intento de la estudiante de posgrado Roberta Eyck en 1956 de subir a bordo de un barco en secreto disfrazada de hombre acabó con su despido del Instituto Oceanográfico Woods Hole.

Una prohibición no escrita similar era válida también en la Europa occidental pero, curiosamente, en la Unión Soviética no existía tal limitación. Durante la década de 1930, las expediciones marítimas soviéticas en el Ártico y el Atlántico fueron dirigidas por Maria Klenova, geóloga marina del Instituto de Oceanología de Moscú. Otras destacadas oceanógrafas rusas que comenzaron su investigación antes de la Segunda Guerra Mundial fueron la sedimentóloga Tatyana Gorshkova, la geofísica Raisa Demenitskaya y la bióloga Zinaida Filatova. Y en España, sin ir más lejos, Jimena Quirós realizó su primera campaña oceanográfica en 1921.

El tabú sobre la participación de las mujeres en las expediciones oceanográficas occidentales se rompió en 1963, en plena Guerra Fría, cuando el Instituto Oceanográfico Scripps de California invitó a dos científicos soviéticos a participar en una expedición conjunta entre USA y la URSS al Pacífico Sur en el principal barco del instituto, el buque de investigación Argo.

Enrico Bonatti -oceanógrafo italiano especialista en el campo de la geología marina, geotectónica y procesos de formación de minerales y participante en la expedición- relata cómo comenzó la cooperación entre geofísicos y oceanólogos rusos y estadounidenses en aras de la paz y el desarrollo conjunto de los recursos del planeta.

La oceanografía en la Unión Soviética en ese momento estaba muy desarrollada gracias a varias instituciones con una flota de buques científicos que trabajaron en esta área. Sin embargo en la URSS, la teoría de la tectónica de placas, que se estaba desarrollando activamente en Occidente, no recibió el reconocimiento hasta la década de 1970.

Durante el Congreso de Geofísica desarrollado en agosto de 1963 en Berkeley, al que asistieron geofísicos soviéticos, se propuso realizar una investigación conjunta en el océano. Las tareas de la expedición incluirían mediciones batimétricas, estudio del campo magnético, flujo de calor y pruebas a lo largo de la Dorsal del Pacífico Oriental. En ese momento, la hipótesis de la propagación de los fondos marinos y la tectónica de placas se discutía activamente, pero el papel de las crestas oceánicas y otras estructuras tectónicas del fondo del océano no se entendían completamente, y se depositaron grandes esperanzas en la expedición.

Por extraño que parezca, la propuesta fue aprobada por el Departamento de Estado de EE. UU., y se informó que participarían dos científicos de la URSS, una noticia increíble en pleno apogeo de la Guerra Fría.

Resultó que uno de los científicos era una mujer, la geofísica Elena Lyubimova. Scripps no pudo negarse y Elena participó junto a Gleb Udintsev.

Para que ella embarcara se hicieron muchos preparativos especiales como un baño específico, entre otros. Al principio, los miembros de la tripulación fueron muy cautelosos: no solo participaban científicos rusos, sino también una mujer. Pero Elena resultó ser una persona extraordinaria y se hizo amiga de todos los miembros de la tripulación.

Fue una expedición maravillosa. Obtuvimos valiosos datos geofísicos y recolectamos muestras de basalto de la superficie de la Dorsal del Pacífico Oriental. A pesar del hecho de que había una mujer a bordo, no nos metimos en una tormenta, no nos encontramos con icebergs, no fuimos atacados por piratas y nuestro barco no se hundió” recuerda Bonetti.

Una de las pocas imágenes que existen de Elena

Mientras Marie Tharp y otras científicas marinas estadounidenses no podían participar en las expediciones y debían trabajar en tierra firme, se dio la paradoja que la primera oceanógrafa en embarcar en un barco estadounidense fue la científica rusa Elena Lyubimova, geofísica y jefa del laboratorio geotérmico del Instituto de Física de la Tierra de la Academia de Ciencias de la URSS, que estudió a bordo los flujos de calor en el fondo del mar. Curiosamente, antes de que se supiera que una mujer estaría a bordo, la expedición se denominó Anfitrite en honor de la antigua diosa griega del mar, esposa de Poseidón.

Tras este acontecimiento, las mujeres oceanógrafas participaron libremente en expediciones en buques de investigación e hicieron una gran contribución al desarrollo de las ciencias marinas.

El Instituto Scripps se dio cuenta de que la mujer a bordo no representaba una amenaza real y en los años posteriores las jóvenes oceanógrafas se contaban a decenas. Unos años más tarde, la geofísica del Instituto Scripps Tanya Atwater dirigió una expedición cuyo equipo científico estuvo formado solo por mujeres a bordo del buque Ellen B. Scripps. A finales de la década de 1960 otras organizaciones científicas en Estados Unidos, incluso la Marina de los EE. UU., permitieron navegar a las mujeres.


Imagen de portada: Elena Lyubimova (izquierda) después de la expedición en el barco científico Argo y la oceanógrafa estadounidense Marie Tharp (derecha), que se vio obligada a estudiar el océano desde tierra firme. Año 1964. Foto de G. Udintsev.


Por Ana Morillas

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