Josefina Castellví

(1935-)

Pionera antártica, microbióloga, gestora y divulgadora

Josefina Castellví

Pepita, como siempre le gustó que la llamaran, nació en 1935 en Barcelona.

Empezó estudiando Medicina, como su padre, pero pronto cambió sus estudios por la Biología. Su interés por el océano y las escasas oportunidades en España en esa época, llevaron a Pepita a estudiar en la prestigiosa Universidad de La Sorbona. Aquí pasó dos años y se especializó en el estudio de los microbios del océano, una línea muy novedosa y desconocida por entonces.

En 1960 empezó a trabajar en el Instituto de Investigaciones Pesqueras de Barcelona —más tarde el Instituto de Ciencias del Mar— donde hizo su tesis doctoral y se convirtió en una experta en el estudio de las bacterias y microalgas del océano. Sus primeros años no fueron fáciles, uno de sus jefes llegó a decirle «hijita, te has equivocado, esto no es para mujeres». Sin embargo, ella siguió adelante, «haciéndose la despistada», como ella cuenta. La primera vez que quiso participar en un muestreo no la dejaron. Tuvo que insistir mucho: «déjeme salir una vez, sólo una, no se lo volveré a pedir». Su jefe le dio permiso y ella no se lo volvió a pedir… las siguientes veces fue, sin más.

Por suerte, no todos sus compañeros pensaban igual. Su amigo Antoni Ballester le transmitió su pasión por la Antártida y, gracias a su apoyo, en 1984 se embarcó en su primera campaña al continente helado. Durante varios años, iban invitados por Argentina y Polonia, ya que España no contaba con instalaciones propias.

Desde entonces centraron sus esfuerzos en convencer a las autoridades de la importancia de una base española en la Antártida. Llegaron incluso a acampar a modo de protesta en la isla Livingston y, por fin, sus reivindicaciones se hicieron realidad y en el verano austral de 1987-88 se instaló la base Juan Carlos I. Antoni sufrió un ictus y su proyecto antártico quedó en el aire. Pepita tomó las riendas y se convirtió en la primera mujer en el mundo en dirigir una base antártica.

Se convirtió en una gestora científica de primer nivel. Además de dirigir la base durante cinco años, fue directora del ICM y fue responsable del programa nacional de investigación antártica. Dejó de lado su aportación a la ciencia para abrir puertas a que otros investigadores pudieran trabajar. Pepita decía que en los hielos antárticos están escritas las vivencias del planeta y trabajó para que cientos de científicos nos revelasen algunos de estos secretos.

En el año 2000 se jubiló, pero no se retiró. Centró todos sus esfuerzos en divulgar su trabajo y en hacer llegar al gran público la importancia de la Antártida. En 2013, con 77 años, regresó una última vez para rodar un documental.

Hoy, gracias al trabajo de gestión que inició Pepita, España cuenta con dos modernas bases en la Antártida. Y gracias a su empeño en la divulgación, el módulo de la antigua base que ella dirigió puede visitarse en el Museo CosmoCaixa en Barcelona.

Un proyecto de:
ieo
Con la colaboración de:
FECYT