Anna Cabré: el cosmos, el clima y el mar

18.marzo.2019

Me encanta el agua, el mar, los peces, la playa. Cuando era chica, pasé todos mis veranos bajo el agua en el Mediterráneo. Si estoy lejos del mar, me invade una nostalgia difícil de sustituir con lagos o montañas. Así es como decidí ser oceanógrafa, uno pensaría.

Pero no. La verdad es que me encantaba escribir y se me daban muy bien las ciencias. Y me dijeron: ciencias mejor, siempre puedes escribir en tu tiempo libre. Al final, resulta que, para ser científico, escribir bien es parte fundamental del trabajo. Bueno, pues si son ciencias, que sean bien fundamentales, pensé. Física. Allí ya me di cuenta de que las mujeres no abundan en campos de ciencia teórica. Y de física pasé a doctoranda en cosmología porque el cielo nocturno y sus teorías abstractas me tenían obsesionada. Fue divertido y muy interesante, pero difícil, competitivo y duro. No me veía trabajando a ese ritmo toda mi vida para poder llegar a profesora y experta en algo tan específico y abstracto, la evolución del universo.

Así que empecé a buscar otras salidas. Y tal cual, después de hablar con mucha gente y darle vueltas en mi cabeza, un día escuché una charla sobre los efectos del cambio climático en Filadelfia (Estados Unidos), donde trabajaba, y allí me quedé. Empecé a trabajar para Irina Marinov en el departamento de Ciencias de la Tierra y así es como me convertí en oceanógrafa hace ya 7 años. Investigo cómo funciona la Tierra como sistema y cómo está evolucionando con el cambio climático, con énfasis en la modelización de corrientes marinas y cómo éstas afectan a la distribución de oxígeno, nutrientes, fitoplancton y pesca (ver http://annacabre.science). Después de vivir muchos años en Estados Unidos, hace poco terminé un postdoc en Barcelona, mi ciudad natal, con Josep Lluís Pelegrí, y ésta fue la primera vez que tuve contacto real con la comunidad oceanográfica española.

Mi implicación con el cambio climático a gran escala y mi vida personal, que va pasando mientras una toma decisiones, me han llevado paulatinamente a querer un trabajo más aplicado. Ahora mismo estoy participando en un programa internacional para mujeres científicas para aprender a influenciar las decisiones que se toman en políticas públicas y que me llevará a la Antártida dentro de un año (Homeward Bound). La Antártida es justamente uno de los sitios que más he investigado estos años, así que verla en persona lejos de mis simulaciones va a ser increíble.

Lo que quiero decir a futuras oceanógrafas es que las hay de mil tipos, teóricas y aplicadas, que el mundo académico es competitivo pero muy gratificante, que casi seguro te toca marcharte de tu país y eso puede que cambie tu vida para siempre, que no todas tenemos una pasión muy clara pero no hace falta tener un objetivo a largo plazo para querer ser científica, que vivimos en un mundo un poco paralelo a la realidad de nuestra familia y amigos, que ser madre mientras eres científica es duro y si estás casada con otro científico aún más, que todo lo que aprendas te será útil en muchos otros sitios y en otras circunstancias de la vida, que saber inglés es fundamental, y que se necesitan más mujeres.

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