Rachel Carson y el mar que la rodeó

27.mayo.2021

«En cada duna, en cada playa, en cada grano de arena está la historia de la tierra»

Por Luis Valdés Santurio, profesor de investigación y oceánico del IEO

A los científicos nos gusta poner números a las soluciones de nuestros problemas y fechas exactas a cada dato: a los científicos nos gusta ser precisos. Sin embargo, sólo ocasionalmente podemos establecer relaciones directas de causa-efecto, y muy pocas veces tenemos la agudeza suficiente para identificar hechos y personas verdaderamente transformadoras: aquellas que han sido capaces de convertir un suceso singular en una tendencia global. No es fácil encontrar explicaciones que nos revelen por qué somos como somos o por qué nuestra sociedad es como es… pero a veces sí.

Creo no exagerar al decir que la sociedad actual, en cuanto a sensibilidad y conciencia medioambiental, no sería la misma si Rachel Carson no hubiera dedicado buena parte de su vida a la divulgación científica y, sobre todo, a denunciar el uso masivo e indiscriminado de pesticidas sintéticos (como el DDT) en vastas extensiones agrícolas y ecosistemas terrestres y acuáticos y sus efectos perniciosos en el medioambiente.

Rachel Carson se preocupaba profundamente por el mundo natural que la rodeaba. Escribió sobre problemas técnicos en un estilo elegante, directo y accesible, para llegar a una audiencia amplia.

Photo by Alfred Eisenstaedt/The LIFE Picture Collection via Getty Images. © Time Life Pictures

Photo by Alfred Eisenstaedt/The LIFE Picture Collection via Getty Images. © Time Life Pictures

Su legado es inmenso. En 1962 (hace casi 60 años) publicó su libro “Primavera silenciosa” que tuvo un impacto inmediato y profundo que todavía resuena hoy.

Se convirtió en una voz internacional en la comunicación científica, ayudó a dar forma y sentar las bases del movimiento ambientalista moderno y, por supuesto, es un modelo a seguir para las científicas y científicos de todo el mundo.

No vio el mar hasta cumplir 22 años, pero su destino quedó ligado a él para siempre. Se especializó en oceanografía biológica, y su trabajo se centró principalmente en la diversidad de la vida marina. Su trilogía: Under the Sea Wind, The Sea Around Us y The Edge of the Sea, es una fascinante exploración, poética en muchos sentidos, de la vida oceánica desde las costas hasta las profundidades abisales. “El mar que nos rodea”, publicado en 1951 (hace 70 años) se ha traducido a 28 idiomas, ganó numerosos premios (incluyendo la Medalla Burroughs) y permaneció en la lista de los libros más vendidos en Estados Unidos durante nada más y nada menos que ¡7 años!.

En cada párrafo muestra su fascinación por el mar, porque, dice, el mar lo es todo:

“En su sentido más amplio, permanece ese concepto de los antiguos. Porque el mar nos rodea. El comercio de todas las tierras deben atravesarlo. Los mismos vientos que se mueven sobre las tierras se han acunado en su amplia extensión y buscan siempre volver a ella. Los continentes mismos se disuelven y pasan al mar, grano tras grano de tierra erosionada. Las lluvias que brotaron de él regresan nuevamente a él en forma de ríos. En su pasado misterioso engloba todos los orígenes oscuros de la vida y recibe al final, después de muchas transmutaciones, los restos muertos de esa misma vida. Para que todos regresen por fin al mar a Oceanus, el río del océano, como la corriente incesante del tiempo, el principio y el fin”.

Su éxito como escritora le permitió alzar su voz y llegar más allá. Combinando su formación científica y su excelencia como divulgadora, fue capaz de construir su obra cumbre, publicada en 1962 con el título metafórico de “Primavera silenciosa”. Considerado el primer libro divulgativo sobre impacto ambiental, es un ensayo directo, riguroso, sin fisuras, que tuvo consecuencias más allá de lo que ella misma esperaba, convirtiéndose en un clásico de la concienciación ecológica.

“Primavera silenciosa” consiguió lo que pocos textos científicos logran: desentrañar lo complejo, iluminar nuestro conocimiento sobre procesos que tienen lugar en la naturaleza y despertar el interés social tanto por la ciencia, que es necesaria para comprender lo que sucede en nuestro planeta, como por la situación presente y futura de la vida salvaje y su fragilidad frente al ser humano.

Retrato de Rachel Carson y portada de la primera edición de Silent Spring

Retrato de Rachel Carson y portada de la primera edición de Silent Spring

No fue una sorpresa para ella recibir fuertes ataques de la industria de los pesticidas. Sólo unos meses después de la publicación la cadena de televisión CBS emitió un documental de una hora sobre su libro. La televisión mostraba a Rachel tranquila en su casa de Silver Spring y la enfrentó al lobby de la industria de los pesticidas defendidos por algunos científicos notables. Pero supo enfrentarse a las críticas, defendió su investigación y resistió.

Visionaria en muchos sentidos y rotunda en sus afirmaciones, anticipó lo que hoy se empieza a conocer como Antropoceno.

No puedo resistir copiar y compartir algunos de sus pensamientos, pensamientos que son acertada e inquietantemente actuales sesenta años después de su publicación:

“Solo dentro del momento representado por el presente siglo, una especie, el hombre, adquirió un poder significativo para alterar la naturaleza del mundo».

“La cuestión es si alguna civilización puede librar una guerra implacable contra la vida sin destruirse a sí misma y sin perder el derecho a ser llamada civilizada”.

“Estamos oyendo el primer estruendo de lo que puede convertirse en potente alud”.

Rachel Carson puso los fundamentos en los que se basa la conciencia ambiental de las sociedades modernas y que hoy consideramos consustanciales e irrenunciables a nuestro modo de vida. Como resultado directo del movimiento ambiental causado por «Primavera silenciosa«, en 1970 se creó la Agencia de Protección Ambiental de EEUU, y en 1972 el gobierno prohibió casi todos los usos de DDT en los EEUU. Hoy en día, tanto el activismo medioambiental, como su traslación a políticas conservacionistas y de respeto a la naturaleza son, en muy buena parte, resultado directo de la vida de Rachel Carson. Lamentablemente no tuvo tiempo de ver la trascendencia de su legado, Rachel Carson murió de cáncer sólo dos años después de su publicación, el 14 de abril de 1964, cuando sólo tenía 56 años de edad.

Rachel Carson merece nuestro agradecimiento y reconocimiento más generoso. Considerada una de las mujeres más influyentes del siglo XX, su memoria sigue viva en el debate científico y conservacionista.

También la recordamos, cada día, en los numerosos centros de investigación, premios científicos y reservas naturales que llevan su nombre.

Rachel Carson in 1949 aboard the Albatross II, a U.S. Fish and Wildlife Service vessel

Rachel Carson in 1949 aboard the Albatross II, a U.S. Fish and Wildlife Service vessel

Imagen de portada: Rachel is working with microscope at her home. © Alfred Eisenstaedt

 

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