María Soledad Izquierdo, bióloga marina y experta en nutrición de peces en acuicultura

“Hay muchas leyendas negras sobre la acuicultura”

Marisol Izquierdo nació en Madrid, empezó biología en la Universidad Complutense pero se fue a la Universidad de La Laguna para hacer la especialidad de biología marina. En 1984 su interés por la acuicultura -y el poco desarrollo de esta actividad en España- la llevaron a Japón a hacer su doctorado en ciencias pesqueras en la Universidad de Tokio. Desde el año 2000 es catedrática de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y en la actualidad dirige el Instituto de Acuicultura Sostenible y Ecosistemas Marinos (Ecoaqua). Sus investigaciones se centran en mejorar la nutrición de los peces y hacer sus alimentos más saludables y sostenibles. El año pasado fue nombrada Miembro Honorario Vitalicia de la Sociedad Mundial de Acuicultura, la primera mujer en lograr esta distinción en los 50 años de historia de esta institución.

¿Cómo empezó su interés por la ciencia?

Desde que era niña, de manera general, me gustaban mucho los animales. Luego tuve la suerte de tener muy buenos profesores de biología. Además, mi padre era médico y tenía un laboratorio. En vacaciones, para echar una mano a la familia cuando los técnicos estaban libres, ayudaba a mi padre y eso también alimentó mi interés por la ciencia.

¿Y el interés por los temas marinos?

Siempre me ha gustado mucho el agua y los deportes acuáticos en general. Mis padres veraneaban siempre entre Alicante y Murcia y les gustaba practicar buceo. Y yo, desde que cumplí 14 años y pude sacar la licencia, iba con ellos. Poco a poco me fui interesando más por el mar y se convirtió en una pasión. Estaba deseando que llegase Semana Santa o verano para ir a bucear. Sumergirte en el mar es entrar en un mundo diferente, muy particular, muy diferente… y además ese silencio que sientes, que te hace reencontrarte contigo mismo. Es muy bonito.

¿Cómo acabó dedicándose a la acuicultura?

Estudié biología en la Universidad Complutense. Había muchas cosas que me interesaban de la biología, pero cuando tuve que hacer la especialidad me acordé del mar y me vine a Canarias a estudiar biología marina. Eran principios de los años 80, la sobrepesca empezaba a ser algo preocupante y me interesé por el tema de la acuicultura. Mi primer contacto fue cuando terminé la carrera, gracias al Instituto Español de Oceanografía. Ofrecían unos contratos para técnicos de acuicultura, me presenté, tuve la suerte de sacarlo, y estuve un año trabajando en Tenerife.

Y de allí a Tokio a doctorarse en ciencias pesqueras, ¿cómo tomó ese camino?

Pues estando en el IEO tuve claro que quería profundizar en acuicultura. Traté de buscar en esa época doctores en acuicultura en España y había muy muy poquitos. Recuerdo que hablé con Ignacio Arnal, que era de los pocos, y me dijo: “Marisol, si quieres investigar en acuicultura y ser buena, vete a Japón, porque son los mayores productores del mundo”. Lo primero que hice fue buscar en la bibliografía profesores japoneses cuyo trabajo me gustase y escribí a uno de ellos. Le dije que me gustaría trabajar con él, que me gustaba mucho lo que hacía y me sugirió que pidiese una beca al Ministerio de Educación japonés: y así lo hice. Me dieron una beca de cuatro años y pude hacer mi tesis doctoral allí.

¿Cómo fue la experiencia?

Fue espectacular. Tenían un desarrollo en acuicultura en esa época muy bueno y había muchísimo dinero para investigar. Me encontré unas instalaciones y un laboratorio espectacular que no existían en España. Me fui con 24 años, tuve la suerte de irme con mi marido que también estudiaba biología marina y consiguió otra beca para doctorarse en Japón, aunque a 400 km de dónde yo estaba… Fue una experiencia muy buena desde el punto de vista científico y humanamente muy… interesante. Japón era un país muy diferente. A veces me parecía un país maravilloso y los japoneses personas fantásticas, pero otras veces me parecía dificilísimo entenderles y no me parecían tan buenas personas… Al final aprendí lo bonito y enriquecedor que es la diversidad humana. Como mujer a veces fue difícil, porque en esa época en la sociedad japonesa la mujer tenía un papel relegado al trabajo en el hogar.

¿Fue aquí donde empezó a especializarse en nutrición en acuicultura?

Efectivamente. Mi director era uno de los mayores especialistas en nutrición de peces del mundo en esa época. Además, estaba muy bien relacionado a nivel internacional y eso me permitió conocer a grandes especialistas en distintas áreas. Cuando terminé la tesis me ofreció un puesto muy tentador para trabajar con él pero decidimos volver a España y tratar de contribuir al desarrollo de la ciencia en nuestro país, que pienso que es muy importante. Es algo que ahora veo con mis alumnos; tengo muchos estudiantes latinoamericanos, africanos, asiáticos… y muchas veces es una tentación quedarte en el país de acogida, porque las condiciones para investigar pueden ser mejores, pero creo que es muy importante que las personas, cuando salimos a formarnos fuera, podamos regresar a desarrollar la ciencia en nuestros países. En mi caso, tuve la suerte de conseguir una beca de un programa nuevo que había sacado el Ministerio para la reincorporación de tecnólogos y doctores, que equivalía a lo que hoy son las becas Ramón y Cajal. Con esa beca pude regresar a la Universidad de La Laguna… hubiera querido regresar al IEO, pero no hubo posibilidad en ese momento. Luego ofertaron una plaza en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria y aquí me vine.

Marisol Izquierdo en el Instituto Universitario ECOAQUA de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) el cual dirige. Foto: @mispeces

¿Y sigue allí desde entonces?

Sí, la verdad que he tenido mucha suerte. Cuando vine encontré un grupo de compañeros muy buenos, aunque las condiciones eran difíciles. Había solo un microscopio, las instalaciones no eran muy buenas, teníamos que apuntalar los techos porque se caían, teníamos que hacer nosotros mismos las cañerías para las conducciones de agua y no había ni cromatógrafos ni nada de material de laboratorio. Empezamos casi de cero, pero gracias a los contactos internacionales que había hecho en Japón hablamos tanto con investigadores como con empresas y empezamos a pedir proyectos europeos. En el año 1991 ya teníamos el primero. La verdad que fue fantástico. A la vez que conseguimos este proyecto conseguimos un proyecto nacional, luego otro del Gobierno de Canarias, el primer trabajo con una empresa… Pero lo más importante para mí ha sido el factor humano: tener un equipo de trabajo en el que tenemos muy buena relación y la misma pasión, que es ayudar a proteger el mar a la vez que producimos alimento para las personas.

Pese a que sabemos que la acuicultura ha existido prácticamente en todas las culturas desde los comienzos de la humanidad, las técnicas y la ciencia en agricultura o ganadería están muchísimo más desarrolladas ¿por qué?

Efectivamente, en agricultura y ganadería llevamos miles de años desarrollando las técnicas de producción, mientras que en el mar hemos seguido siendo principalmente cazadores. Esto, en parte, es debido a que el mar ha sido un medio no tan accesible para el hombre como la tierra, especialmente al comienzo de la humanidad. Además, debido a esa inaccesibilidad, el mar es un gran desconocido. Otro factor importante es el hecho de que el mar sea tan grande, que ocupa tres cuartas partes del planeta. Esto ha hecho que durante mucho tiempo pensáramos que el mar era un saco sin fondo y que podríamos pescar, pescar y pescar y nunca se acabaría.

¿Sustituirá la acuicultura a la pesca en un futuro cercano?

Según los últimos datos disponibles, de 2016, a nivel mundial, uno de cada dos productos acuáticos que se consumen proceden de la acuicultura. Producimos más de 110 millones de toneladas métricas de alimentos. Así que no es que en el futuro la acuicultura vaya a sustituir a la pesca, es que, posiblemente, si mirásemos datos actuales estemos produciendo más productos acuáticos de los que pescamos. Dicho esto, la acuicultura nunca va a reemplazar totalmente a la pesca. Aunque en la actualidad se producen más de 600 especies acuáticas en acuicultura, aún hay muchos productos pesqueros que tardaremos mucho tiempo en poder cultivar y seguiremos dependiendo del mar si queremos consumirlos.

Marisol Izquierdo en la conferencia inaugural del XV Congreso Nacional de Acuicultura en 2015 en Huelva. Foto: @mispeces

Se dedican muchos esfuerzos a tratar de domesticar especies que ocupan niveles muy altos en la cadena trófica, como pueden ser los atunes. ¿Es un error?, ¿se pueden cultivar estas especies de forma sostenible?

Es muy interesante y muy importante este tema. Hay estudios que demuestran que la mayor parte de la producción en acuicultura es de especies de eslabones bajos de la cadena trófica, mientras que en la pesca se capturan principalmente eslabones altos. Solamente deberíamos producir especies cuyo ciclo biológico esté absolutamente cerrado, es decir, que seamos nosotros mismos los que podamos producir huevos a partir de reproductores que ya han nacido en cautividad. Esto no ocurre con los atunes y tanto la pesca como la acuicultura están poniendo en grave peligro sus poblaciones. Afortunadamente, parece que el IEO está avanzando bastante en lograr cerrar el ciclo de algunos atunes, pero hasta que esto no se logre no se debería producir ninguna especie. Una vez cerrado el ciclo siempre será más barato producir peces herbívoros.

¿Está en la acuicultura, cómo dicen, la clave para alimentar al planeta?

Bueno, hay muchos factores que hay que considerar. En primer lugar, el alimento está muy mal repartido, hay una producción excesiva en occidente, que supone una enorme cantidad de desechos, y al mismo tiempo zonas con falta de alimento… Habría que hacer una gestión adecuada de todo esto. Por otra parte, habrá que ver cuánto y cómo incrementa la población, porque si lo hace al ritmo actual ni la acuicultura ni la producción de insectos ni nada será suficiente. La acuicultura pondrá su piedrecita, pero no será capaz ella sola de cubrir los requerimientos alimentarios del mundo.

¿Es sostenible hoy por hoy la acuicultura?

Puede y tiene que serlo, pero depende de cada país y de su regulación. La acuicultura es una actividad que, con un nivel comercial importante, ha nacido en el siglo XX y ha empezado con unos requerimientos de gestión ambiental muy importantes. Hay muchas leyendas negras sobre la acuicultura. El abuso de antibióticos, por ejemplo. En Europa está muy muy restringido, se pueden usar muy pocos y nunca se administran en jaulas en el medio natural. También se ha hablado mucho de que el pescado de acuicultura tiene gran cantidad de contaminantes y, sin embargo, tanto estudios de científicos noruegos con salmón, como estudios que hemos hecho nosotros con dorada, lubina, lenguado y rodaballo, muestran que el contenido en contaminantes es más bajo que en peces salvajes. Sin embargo, esta regulación tan estricta que, afortunadamente, tenemos en la UE no se da en otros países. Hay que cambiar la percepción que tenemos de los productos de la acuicultura. Hace unos años hicimos un estudio con 1.500 consumidores habituales de pescado de toda España. Cuando le dábamos a probar pescado de acuicultura y salvaje de diferentes especies en catas a ciegas, significativamente preferían el de acuicultura. Sin embargo, al repetir el experimento con 350 personas conociendo la procedencia del pescado escogían siempre el de pesca… Tenemos un prejuicio hacia el pescado de acuicultura pero estos productos son igual de buenos o incluso mejores.

Foto: Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC)

Desde hace algunos años se habla mucho de los cultivos multitróficos, ¿qué son?

Es una orientación que se quiere dar a la acuicultura para que se asemeje más a lo que sucede en el medio natural y así aprovechar mejor el espacio y los recursos. La acuicultura multitrófica consiste en producir simultáneamente varias especies que están encadenadas tróficamente. Por ejemplo, podemos tener jaulas de peces cuyos residuos se utilizan para producir macroalgas que, a su vez, pueden alimentar moluscos gasterópodos. O también esos residuos pueden alimentar fitoplancton que alimente moluscos bivalvos. Así podemos tener una granja de peces asociada a una producción de mejillones y a otra de macroalgas, por ejemplo.

¿En qué está trabajando actualmente?

Lo más interesante son dos cosas. Estamos aprendiendo que, al igual que pasa con las personas, los peces son capaces de usar diferentes tipos de alimentos según lo que comieron durante su desarrollo, o incluso según lo que comieron sus padres. De esta forma, a través de la alimentación de los padres y de la alimentación larvaria, estamos produciendo peces que metabólicamente son más capaces de alimentarse con piensos bajos en aceites y harinas de pescado, que son más económicos y más sostenibles. Otro tema muy interesante en el que estamos trabajando es tratar de entender cómo la alimentación afecta al desarrollo de los huesos en los peces. Por un lado para evitar enfermedades en los propios peces, pero también para usarlos como modelos para estudiar enfermedades como la osteoporosis en personas. Esto es muy interesante, porque los peces no envejecen nunca y por eso son buenos modelos para estudiar cómo afecta la dieta a la formación y reabsorción de los huesos.

Recientemente fue nombrada Miembro Honorario Vitalicia de la Sociedad Mundial de Acuicultura, la primera mujer en lograr esta distinción en los 50 años de historia de esta organización, ¿qué ha significado para usted?

Estoy muy orgullosa y muy agradecida, para mí ha sido un honor esta distinción… ¡pero ya les vale!, como si no hubiera mujeres que trabajamos en acuicultura. Lo más importante ha sido precisamente eso, haber conseguido meter a las mujeres en estos premios… Espero que a partir de ahora haya más, porque han habido otras mujeres españolas, como Silvia Zanuy, que lo hubiesen merecido más que yo, pero que se han retirado ya.

¿Ha encontrado obstáculos en su carrera por el hecho de ser mujer?

Encontré algunos en Japón pero los pude sobrevenir. Luego tuve mucha suerte por contar con el apoyo de mi marido, el de su familia y el de la mía, porque si no, es muy difícil conciliar la vida familiar y la vida profesional. Muchas veces no cogemos puestos de más responsabilidad pensando en que tenemos que ocuparnos de si los niños han hecho los deberes, de si están enfermos… poco a poco la sociedad va ayudando un poco más, pero es un tema que tenemos pendiente. Y quiero decir que también he tenido algún problema de acoso en el trabajo… son cosas de las que cuesta hablar pero es muy importante. Tolerancia cero. Afortunadamente, con el apoyo de mis compañeros, tanto chicos como chicas, y con el apoyo de mi marido las cosas no fueron a mayores.

Pues pese a lo difícil que debe ser contarlo, esta es la décima entrevista que hacemos en Oceánicas y es la tercera mujer que nos cuenta que ha sufrido acoso en el trabajo… creo que es muy significativo.

Para nosotras es muy difícil hablar de esas cosas. Hay gente que no lo entiende, que no lo cree, siempre es la palabra de uno contra la de otro… Creo que es importante que la sociedad entera esté atenta. Tenemos que cambiar, aprender a respetarnos y que, efectivamente, no es no y ya está.

Por último, ¿qué le diría a las mujeres y niñas que se sientan inspiradas por su trabajo?

Que me ha gustado mucho trabajar en esto, que es muy bonito y que se animen. Que lo importante en la vida, bueno… una de las cosas importantes, es que encuentren un trabajo que les guste y para eso hay que luchar. Que no se detengan ante nada, que todo por lo que uno lucha la vida te lo devuelve. Y que por ser chicas no tenemos que quedarnos atrás, que las chicas también somos guerreras.

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