Carmela Porteiro: una vida dedicada a la investigación pesquera y la gestión sostenible de los recursos

“Cuando empecé en el 76 fuimos muchas mujeres trabajando en pesquerías y todas muy luchadoras”

Carmela Porteiro nació en Santiago de Compostela en 1950. Su interés por la ciencia y la naturaleza la llevaron a estudiar Biología en la Universidad de Santiago. Se licenció en 1975 y, tras realizar un curso de iniciación a las ciencias marinas, supo que quería trabajar en Centro Oceanográfico de Vigo del Instituto Español de Oceanografía. Empezó como alumna libre y desde entonces fue encadenando becas y contratos, todos dirigidos a la investigación pesquera, hasta que en 1989 obtuvo su plaza como funcionaria. Durante cerca de 40 años de carrera, Carmela Porteiro se ha dedicado a estudiar la biología, crecimiento y dinámica de las poblaciones de recursos pesqueros, especialmente de sardina y otros peces pelágicos. Pero, sobre todo, ha trabajado en el asesoramiento científico y la gestión de la pesca al más alto nivel. Fue la segunda mujer en ocupar la vicepresidencia del Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES), la organización científica intergubernamental en investigación marina más antigua del mundo.

¿Cuándo empezó su interés por la ciencia?

Pensándolo ahora, creo que me marcó mucho en mi infancia mi relación con Tomás Matuecas Marugán, catedrático de Química Física de la Universidad de Santiago, que casualmente este año ha sido homenajeado por la Real Academia Gallega de las Ciencias en el Día da Ciencia en Galicia. Era mi vecino, pero teníamos una relación muy familiar. Era como mi abuelo. Incluso cuando nos mudamos, se mudó con nosotros. Y por otra parte, siempre me apasionó muchísimo la naturaleza.

Carmela disfrazada de hada con 9 años en el Instituto Rosalía de Castro de Santiago de Compostela

Estudió Biología en la Universidad de Santiago, ¿cómo recuerda esos años de universidad?

Bien. Tampoco lo viví muy intensamente, pero bien. Lo que más me gustó fue genética, bioquímica y botánica.

¿Y cómo acabó trabajando en biología pesquera?

Cuando terminé la carrera me surgió la oportunidad de hacer un curso de oceanografía durante un mes en la Ría de Arousa, subvencionado por un convenio del IEO con EE.UU. Aquello fue en el verano de 1976 y quedé enganchada totalmente a las ciencias marinas. Después de eso pude entrar en el Centro Oceanográfico de Vigo como alumna libre. Entonces había mucha demanda de gente que trabajase en pesquerías, así que fue un poco sobrevenido. Pero me acabó gustando mucho.

Y ya no se dedicó a otra cosa…

Me dediqué siempre a la investigación pesquera, pero en diferentes ámbitos. Empecé con peces pelágicos, especialmente con sardina, y trabajé en todos los aspectos: crecimiento, biología y dinámica de poblaciones. Participé especialmente en campañas de investigación acústica, pero también en campañas de pesca de demersales, en estudios de selectividad de artes de pesca, etc. Luego evolucioné más hacia la evaluación y gestión de pesquerías, que ha sido lo que más me ha gustado y donde he desarrollado la mayor parte de mi carrera. Fui encadenando responsabilidades distintas y una vez me introduje en el ICES, me enganchó mucho.

Carmela Porteiro (derecha) junto a Graça Pestana, las dos primeras mujeres en ser vicepresidentas de ICES, las dos expertas en pequeños pelágicos que, debido a su parecido físico, eran conocidas entre sus compañeros como las «pelagic sister» (Noruega, 1985)

¿Por qué es tan importante esta institución?, ¿cuál es su función?

El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (ICES) es la organización científica intergubernamental en investigación marina más antigua del mundo. Fue creada en 1902. Sus funciones han ido evolucionando con el tiempo, adaptándose a las demandas de cada momento. Actualmente es el organismo asesor para la gestión sostenible de las pesquerías en la Unión Europea y en otros países. La política europea obliga a participar aportando datos e información y tiene carácter vinculante, por lo que es muy importante y además obligatorio.

¿Cuál ha sido su trabajo en ICES?

Participé en ICES por primera vez en 1983, en el grupo de trabajo de sardina. Después seguí evolucionando y pasé de la sardina a todos los peces pelágicos. Además, de forma transversal trabajé en grupos de tecnología acústica y en otros aspectos del plan estratégico. Después estuve 10 años de delegada española del Comité Asesor para la Gestión de Pesquerías, que es el comité en el que se deciden los consejos científicos para los distintos países en base a los informes de los diferentes grupos. Esa fue la época más dura de mi carrera. A veces había informes o consejos muy adversos para la flota española y era difícil. Luego, en 2004, me nombraron delegada de España en ICES y en 2005 vicepresidenta. Cumplí mis tres años de mandato y en 2012 estuve tres más.

Carmela junto a Alfonso Díaz, uno de sus referentes profesional (1988)

¿Y los países seguían vuestros consejos?

Mayoritariamente puedo decir que sí, pero con dificultades, mucha crítica, mucha tensión… Y todo ello pese al enorme esfuerzo de investigación que se realiza. ICES para mi tiene la gran cualidad de ser un organismo independiente políticamente y muy transparente, que toma las decisiones siempre por consenso, por lo que tiene un valor muy grande. Tanto la industria pesquera como las ONGs siempre estuvieron presentes en las reuniones del comité, con voz pero sin voto, lógicamente.

¿Es frustrante ver como a veces todo ese esfuerzo es puesto en duda o no es atendido por las administraciones?

Claro que es frustrante, pero con eso tuvimos que vivir.

Con su marido Javier Pereiro y su hijo Daniel (1982)

Últimamente, a causa del cierre del caladero de cigala del Cantábrico, hay quien pone en duda el trabajo científico en las evaluaciones a bordo de buques oceanográficos, alegando que si se pesca poco en estas campañas es porque no participan patrones que sepan dónde pescar ni se utilizan los aparejos adecuados, de modo que se acaba por subestimar las poblaciones. ¿Qué opinas de esto?

Estamos acostumbrados. Ese conflicto fue el mismo con la sardina, con la anchoa… Es histórico. Nosotros hicimos una campaña en 1979 de cigala, en el golfo de Cádiz, cuando el stock ya estaba dando señales de agotamiento. Teníamos a bordo patrones de Marín y del sur, en total colaboración, y las críticas fueron las mismas. La participación del sector es imprescindible y se ha avanzado muchísimo. No hay otra manera que estar todos en el mismo barco.

A bordo del buque Thalassa (Vigo, 1990)

¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrentan los recursos marinos?

La sobrepesca y la resiliencia, es decir, la adaptación a los cambios que vienen. Porque el calentamiento está ahí: hay cambios de comportamiento, cambios de desplazamiento, de hábitat, pérdida de biodiversidad, especies invasoras.

¿Cómo ve el futuro de la pesca?, ¿lograremos que el mar sea una fuente sostenible de alimento?

La pesca debe seguir adaptándose a los recursos disponibles y mejorando tecnológicamente para eliminar el descarte y el bycatch y realizar una pesca sostenible. Si queremos seguir viviendo en el planeta y mantener a la población que vive en ella, no nos queda otra.

¿Ha encontrado obstáculos en su carrera por el hecho de ser mujer?

Pues sí. En la primera campaña que hice en el 1977 solo podíamos ir dos mujeres a bordo porque solo había un camarote con bidé. En una ocasión fuimos tres y una tenía que dormir en un colchón en el suelo. Por estas ridiculeces tuvimos que pasar. Diez años después, en el año 87, primero una compañera y luego yo, fuimos jefas de campaña en el Cornide de Saavedra, cuando todavía la tripulación era en parte militar. Teníamos unos capitanes machistas a más no poder y hacerse respetar fue tenso y difícil.

Por otro lado, el IEO, en algunas etapas, fue machista en los niveles de poder. Por abajo éramos todos iguales. Compartíamos campañas, objetivos… pero en la dirección había machismo. Fui quien más trabajó en ICES durante muchos años y no fue hasta 2004, cuando Concha Soto se convirtió en la primera mujer que llegó a directora del IEO, que fui nombrada delegada de ICES. En esos años, también Pilar Pereda fue la primera mujer jefa de Área de Pesca del IEO, durante varios años y de forma exitosa.

Por último, ¿qué les diría a las mujeres y niñas que se sientan inspiradas por su trabajo?

Que continúen, que lo hagan, que si es su sueño lo persigan que es una carrera muy bonita. Hoy en día está todo mucho mejor: hay más igualdad, hay casi paridad, hay más directoras de centro y las mujeres llegan a cuotas de poder más altas. Cuando empecé en el 76 fuimos muchas mujeres trabajando en pesquerías y todas muy luchadoras. Pese a las dificultades, no nos cortamos para nada: embarcamos, fuimos a la Antártida… hicimos todo lo que hay que hacer. Éramos jóvenes y nos comíamos el mundo. Fue una vida laboral muy buena y muy enriquecedora. Ahora veo la parte bonita, pero tuvo también sus sin sabores.

Carmela junto a su marido, su hijo, su nuera y sus nietos (Vigo, 2019)

El Consello da Cultura Galega acogió el pasado 24 de octubre el acto de homenaje «As que achegan a ciencia aos océanos«, en el que se reconoció la figura de Carmela Porteiro, investigadora del Centro Oceanográfico de Vigo ya jubilada. Se puede acceder a la sesión de tarde de la jornada a través del canal de Youtube del Consello.
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