Belén Alonso, pionera de la geología marina en España

“Dije que no volvería a embarcar nunca más y después de eso he hecho unas 50 campañas”

Belén Alonso nació en 1957 en Tudela (Navarra). En 1979 se licenció en ciencias geológicas en la Universidad de Barcelona y, tras participar en una campaña oceanográfica cuando era estudiante, descubrió su pasión por la geología marina . Desde 1980 trabaja en el CSIC, primero en el Instituto Jaime Almera como becaria, posteriormente en 1987 se incorporó tras unas oposiciones como colaboradora científica en el Instituto de Ciencias del Mar de Barcelona y desde 2004 es profesora de investigación. Belén acumula cerca de 40 años de experiencia en geología marina estudiando especialmente cómo se forman y evolucionan los valles submarinos y sus depósitos en el océano profundo, qué recursos pueden albergar o qué riesgos pueden generar sus movimientos.

¿Cómo empezó su interés por la ciencia?

A finales de los 60 llegué a Barcelona y tuve la suerte de tener unos profesores de ciencias en el instituto muy buenos. De física, química y, especialmente, de ciencias naturales. También me marcaron mucho los programas de Cousteau. Aunque en clase la biología no me gustaba mucho… pero en cambio la geología me encantaba: los ríos, la erosión, los glaciares, los volcanes…

Y acabó estudiando geología en la Universidad de Barcelona, ¿cómo recuerda esos años?

Teníamos las clases en la Facultad de Geología, que entonces estaba situada en la Plaza de la Universidad y ahora ha quedado para funciones administrativas. Era (bueno… es) una maravilla de edificio, las fuentes, los árboles… Recuerdo los paseos con mi novio (ahora mi marido) por esos patios… Pero también fue una época convulsa, a mediados de los 70, con manifestaciones a cada rato frente a la universidad y los grises entrando… Pero lo recuerdo como una época fantástica. Hacíamos muchas salidas de campo que a mí me encantaban, y si no te gustaban mejor que dejases la carrera… Entramos 150 personas en geología y terminamos 15.

¿Y cuándo descubrió la geología marina?

Mi primer contacto con la geología marina fue en cuarto curso de geología, en el que podíamos escoger algunas asignaturas y yo seleccioné la asignatura optativa de geología marina, que por entonces solo se impartía aquí en España. Éramos muy poquitos y el profesor organizó una campaña de oceanografía en un barco francés que se llamaba Catherine Lawrence. Fue una maravilla, aunque me mareé como una sopa. Cuando bajé del barco dije que no me volvería a embarcar nunca más y después de eso he hecho unas 50 campañas. El barco era un pesquero reformado y tuvimos unas condiciones de mar malísimas. Yo no iba nada preparada para estar en un barco, no llevaba ni una triste biodramina y además la noche anterior dormimos muy poco, pues el día anterior estuvimos en las fiestas de la Merce hasta bien entrada la madrugada y salíamos de puerto a las 8 de la mañana… pero bueno, pese a todo fue una experiencia maravillosa que me marcó. Y, casualidades de la vida, unos años después, cuando estaba haciendo la tesis, volví a embarcar en el mismo barco durante cinco días para recoger unos testigos de sedimento.

Belén Alonso con sus compañeros de universidad antes de embarcar en su primera campaña en 1978 en el Catherine Lawrence

Me imagino que en esa época no serían muchas las geólogas marinas…

Pues no. Recuerdo las primeras campañas en los años 80 que hicimos en el Cornide de Saavedra con la tripulación todo hombres, un grupo de científicos españoles, italianos, franceses, americanos y yo. Y durante las primeras campañas siempre fui la única mujer. Luego, poco a poco, se fueron incorporando más mujeres, pero durante los 80 nada. También hay que tener en cuenta que la geología marina, dentro de la oceanografía, es una disciplina muy reciente que en España comenzó a mediados de los 70.

Belén Alonso en el Cornide de Saavedra en 1982

Su tesis la realizó estudiando la zona del delta del Ebro que se extiende en el océano profundo , ¿es así?

Primero hice mi tesina sobre contaminación de metales pesados en plataformas continentales del Mediterráneo de la Península Ibérica. Era un trabajo interdisciplinar que me encantó, en el que colaboré con biólogos y físicos y se realizó en el marco de un proyecto de investigación del Comité Conjunto Hispano-Norteamericano, liderado por la Dra. Josefina Castellví. Y, efectivamente, después tuve la oportunidad de hacer la tesis, que se centró en el abanico profundo del Ebro que está formado por cañones y canales turbidíticos. Así empecé a estudiar los valles submarinos, que representan los principales conductos por los cuales se transporta y distribuye el sedimento desde el continente al medio marino profundo.

Recuperando testigos de sedimento

¿Por qué es importante el estudio de estos valles?

Son uno de los paisajes más espectaculares que podemos encontrar en el fondo marino. Todos tenemos en la memoria paisajes como el del Gran Cañón del Colorado como una maravilla de la naturaleza y resulta que muy cerquita de nosotros tenemos relieves comparables… el único inconveniente es que están bajo una capa de agua que nos impide conocerlos y disfrutar de ellos. El estudio de estos valles es de gran importancia para reconstruir la historia de nuestros océanos y tiene implicaciones climáticas, paleoceanográficas y de riesgos geológicos marinos, como pueden ser los fenómenos de inestabilidad sedimentaria. Y su estudio es también de interés aplicado, pues ellos representan una de las mayores reservas de hidrocarburos en muchas de las cuencas sedimentarias fósiles del mundo y los modelos sedimentarios en ambientes submarinos modernos pueden ser aplicados a los sistemas turbidíticos fósiles de donde se obtiene el petróleo y el gas.

Usted ha colaborado con la industria en la búsqueda de recursos energéticos, ¿qué han supuesto estos trabajos?

Mi trayectoria profesional ha tenido siempre dos vertientes: la científica pura y la científica aplicada. Y dentro de la aplicada he trabajado en muchos proyectos, entre ellos con el sector del petróleo. Trabajamos durante cuatro años para una empresa noruega del sector del petróleo y realizamos el estudio geológico de los sistemas turbidíticos del mediterráneo Occidental y del Atlántico: cómo se forman, cuál es su geometría, cómo es la distribución de los cuerpos arenosos… Con todo esto, desarrollábamos modelos sedimentarios de estos sistemas en la actualidad y la empresa los aplicaba al estudio de modelos antiguos, que es donde aparecen los recursos energéticos. También hemos hecho otros trabajos de ciencia aplicada con otras finalidades, como fue el estudio geológico previo al tendido del gaseoducto instalado en el fondo marino de Alborán, o bien el estudio geológico previo a la construcción de algunos puertos de nuestras costas. E hicimos bastantes campañas de prospección geofísica en el Estrecho de Gibraltar para estudiar la viabilidad de la construcción del túnel entre España y Marruecos.

Belén Alonso en la sala de acústica del Sarmiento de Gamboa en la campaña FAUCES

Actualmente lidera un proyecto que, precisamente, mezcla las dos vertientes de ciencia pura y aplicada, y cuyo objetivo es estudiar los riesgos geológicos submarinos asociados a los cabeceras de cañones…

Efectivamente, en el marco del proyecto de investigación FAUCES, del plan nacional, que es un proyecto coordinado compuesto por dos subproyectos y yo lidero uno de ellos.

¿Qué puede ocurrir en un cañón submarino que deba preocuparnos?

Pues principalmente procesos de inestabilidad sedimentaria. En FAUCES estudiamos los riesgos geológicos asociados a las cabeceras de tres cañones submarinos ubicados en el margen de Alborán y en el de Palomares, que tienen unos condicionantes o unas situaciones geológicas singulares y que pueden suponer una amenaza, por su proximidad a la línea de costa junto con su localización somera y configuración morfosedimentaria activa. Pero no solo estamos interesados en conocer las inestabilidades aquí, sino en todo el cañón, que alcanza alguno de ellos los 80 km de largo.

Etiquetando un testigo de sedimento recién muestreado

¿Cómo realizan estos estudios?

Utilizamos herramientas acústicas, geofísicas y de muestreo de sedimento durante campañas oceanográficas. Uno de los aspectos más novedosos en este proyecto es la tecnología que estamos utilizando. Entre los equipos que usamos destaca el uso del AUV (Autonomous Underwater Vehicle), un vehículo autónomo con el que somos capaces de obtener batimetrías con mucha resolución, de hasta un metro. Gracias a esta tecnología, donde antes veíamos un valle con un fondo plano ahora vemos morfologías de fondo impresionantes, que nos indican que se trata de valles activos. Otro equipo que hemos utilizado en la última campaña FAUCES es un piezocono, un instrumento que es capaz de medir las propiedades físicas del sedimento in-situ, sin necesidad de coger muestras. Y también hemos utilizado un ROV (Remoted Operated Vehicle) que nos ha permitido tomar imágenes impresionantes de las paredes y del fondo de los valles submarinos. Personalmente fue una experiencia espectacular, llevo muchos años estudiando los valles a través de las sondas acústicas y geofísicas pero nunca antes los había visto en imágenes.

Pared vertical del cañón de Garrucha

¿Y han encontrado en estos cañones algún riesgo que nos deba preocupar?

Aún es pronto para decirlo. Después de terminar las campañas todos los especialistas en geotecnia, tectónica, geomorfología, sedimentología, estratigrafía implicados en el proyecto estamos trabajando en los datos adquiridos durante las campañas de oceanografía. Ahora en abril y en septiembre tenemos dos congresos internacionales, EGU y IAS, en los que esperamos presentar resultados.

En redes sociales hemos pedido a nuestros seguidores que nos hiciesen preguntas para usted, @parador08 nos hace dos preguntas sobre el reciente descubrimiento de un archipiélago que pudo conectar África y Europa, ¿a qué profundidad están esos islotes? ¿hasta cuándo permitieron cruzar a la fauna por el Mar de Alborán?

Bueno… hay bastantes controversias respecto a estas interpretaciones y no quiero entrar en discusión. Precisamente ahora se está preparando un proyecto internacional en el que participan nuestros compañeros Gemma Ercilla y Ferrán Estrada, en el que se propone hacer perforaciones en el Mar de Alborán para recuperar sondeos de cientos de kilómetros y tratar de dar respuesta, entre otros, a este descubrimiento.

Un estudio publicado la semana pasada en “The Lancet” asegura que existe un sesgo de género entre quienes valoran las candidaturas a proyectos de investigación y que por ello los hombres reciben más fondos que las mujeres. Usted ha dirigido y dirige proyectos nacionales e internacionales en los últimos años, ¿ha sido consciente de este sesgo?

No pongo en duda este estudio, pero en mi experiencia -he dirigido unos 28 proyectos- no he tenido percepción de ese sesgo de género. Lo mismo me ocurre con otro informe que leí hace unos años y que aseguraba que había un sesgo en los tribunales de oposiciones en función del género de sus componentes. Tampoco lo pongo en duda, pero he participado en muchos tribunales de oposiciones y no he sentido que exista ese sesgo. Pero hay muchos hechos evidentes de discriminación en relación a la mujer y la ciencia, entre los que destacaría dos: que la mujer tiene poca visibilidad en la ciencia (la historia se ha encargado de esconderlas) y que las mujeres, siendo aproximadamente la mitad de los investigadores en organismos públicos de investigación, suponen un porcentaje en los puestos más altos de escalafón muy bajo. Existe una segregación vertical de género.

¿Ha encontrado otro tipo de obstáculo en su carrera por el hecho de ser mujer?

En el día a día con los compañeros no, pero sí me he sentido mal en determinados momentos. Por ejemplo, en mi primera entrevista de trabajo me preguntaron si estaba casada, como la respuesta fue que sí, la siguiente fue si pensaba tener niños, cosa que no le preguntaron a mis compañeros. De esto han pasado casi 40 años, pero lo triste es que en la empresa privada sigue ocurriendo.

Por último, ¿qué le diría a las mujeres y niñas que se sientan inspiradas por su trabajo?

A mujeres, niñas, y también a los chicos, les diría que tengan ilusión y curiosidad, dos cualidades que habría que mantener siempre, tanto en la vida privada como profesional. Y que elijan la carrera que les guste, que no miren las salidas profesionales.

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