Eugenie Clark
(1922-2015)Más de 40 años nadando entre tiburones

En 1922 nació Eugenie Clark en la ciudad de Nueva York. Su padre murió cuando ella apenas tenía dos años y su madre Yumico, de origen japonés, tuvo que cuidar sola de Eugenie. Para ello, en ocasiones, tuvo que ser muy creativa y así, algunos días, mientras Yumico trabajaba, Eugenie se quedaba pasando las horas en el Acuario de Nueva York. El resultado fue que, con solo nueve años, Eugenie quedó fascinada con la vida marina, en especial con los peces y, sobre todo, con los tiburones.
Su pasión fue creciendo y terminó estudiando Zoología en la universidad. Empezó a convertirse en una experta en peces –o ictióloga, que es como se conoce a estos científicos– y, a los 27 años, se unió a un proyecto que le llevó a bucear por multitud de lugares inexplorados de la Micronesia, en el océano Pacífico. Tras doctorarse, continuó explorando nuevos lugares, esta vez en el Mar Rojo, en la Estación de Biología Marina Al-Ghardaqah en Egipto. Esta experiencia la recogió en el libro ‘Lady with a Spear’, que fue un éxito de ventas.
Desde entonces, Eugenie centró su trabajo en el estudio de los tiburones. Durante sus más de 40 años de carrera, buceó junto a estos temidos peces en cientos de ocasiones para investigar su comportamiento y su ecología. Entre sus descubrimientos destaca un repelente natural de tiburones que segrega un pez plano. También demostró que algunos tiburones no tienen que nadar continuamente para respirar como se creía hasta entonces.
Curiosamente, en todo este tiempo no tuvo ni un solo percance bajo el agua. Solo resultó herida en una ocasión por los dientes de un tiburón y fue por accidente, con una mandíbula disecada que transportaba Eugenie en su coche de camino a una conferencia.
A Eugenie siempre le gustó compartir sus aventuras e investigaciones científicas con todos los públicos y no solo en el mundo académico. Escribió multitud le libros, artículos en revistas y protagonizó varios programas de televisión.
No dejó de bucear hasta un año antes de fallecer… ¡a los 92 años!