Idelisa Bonnelly: madre de la conservación marina en el Caribe

“Me quedo con la alegría de que mis alumnos aun me saludan con un ‘hola profe’”

El 10 de septiembre de 1931 nacía en República Dominicana una de las científicas más importantes de Latinoamérica: Idelisa Bonnelly, que empezó sus estudios de biología marina en Nueva York en 1953, ya que en su país no había universidades donde se impartiese. Tras completarlos y trabajar unos años en el Acuario de Nueva York, volvió a República Dominicana, donde fundó la primera institución del país donde estudiar Ciencias Marinas. A sus 87 años, Idelisa continúa su incansable lucha por proteger la biodiversidad de los océanos. Entre sus numerosos logros, destaca su aportación fundamental: la creación del primer santuario de ballena jorobada en el Atlántico Norte.

¿Cómo surgió su pasión por los océanos?

Aunque nací en el centro del país, Santiago de los Caballeros, entre valles y montañas, me crié muy cerca de los acantilados costeros de la ciudad de Santo Domingo desde donde se podía sentir la brisa marina y pasear por la avenida del mar en las tardes con mi madre. A ella le servía de ejercicio, para mí era la oportunidad de sentir la inmensidad del Mar Caribe, escuchar el rumor continuo de las olas y el estallido de espumas blancas en el acantilado; un espectáculo hermoso, sobrecogedor y misterioso que todavía disfruto después de largos años pasados. Me divertía recogiendo cangrejitos, caracoles, almejitas que se escondían en los pequeños charquitos entre las rocas, esquivando el inesperado golpe de espuma… Cuando nos servían pescado en la mesa me preguntaba de dónde venían, cómo vivían, cómo respiraban y se alimentaban, cómo se reproducían. Fue ese escenario el que atrajo a estudiar y tratar de responder esas inquietudes.

¿Cuándo decidió viajar a Estados Unidos y estudiar ciencias del mar?

Al terminar la escuela secundaria, en esa época solo existía una universidad: la Universidad Autónoma de Santo Domingo. No tenía una facultad de ciencias, ni se impartía ciencias biológicas. Sin embargo, cabe mencionar que había excelentes naturalistas, como el Dr. José de Jesús Jiménez, médico, el Dr. Eugenio de Jesús Marcano o el Padre Julio Cicero, dedicados principalmente al estudio de plantas y animales terrestres. Hicieron una obra monumental, sin recursos, guiados solo por la pasión de conocer la naturaleza dominicana. Encontré también, en el Laboratorio Nacional, dedicado a realizar análisis químicos, microbiológicos, etc. para uso humano, oportunidades para investigar y buscar soluciones en distintos temas. Contaba con un personal muy dedicado y profesional, que se tomaban tiempo para enseñarme las distintas técnicas utilizadas y adaptarlas a las especies marinas. Sin otra orientación, fui a los Estados Unidos y me gradué en el Westchester Community College como tecnóloga médica. Obtuve las mejores notas de la clase, siendo la única latina del colegio. Los profesores, a los cuales estaré siempre agradecida, al graduarme, conociendo mis verdaderas inquietudes, me recomendaron que debía continuar estudios universitarios y estudiar biología para luego especializarme en ciencias marinas hasta alcanzar mis metas.

Así lo hice, inscribiéndome en la Universidad de Columbia para graduarme y luego en la Universidad de Nueva York para el postgrado. Como era natural, estudiaba y trabajaba para pagar mi formación. Tuve la fortuna de encontrar en ese entonces a dos eminentes científicos marinos, el Dr. Ross Nigrelli y la Dra. Sophie Jakowska, que trabajaban, de manera temporal, en una pequeña habitación en la casa de los leones en el Zoológico de Nueva York esperando la terminación del moderno Acuario de Nueva York en Coney Island, desde donde dirigirían el laboratorio de investigación, cuyo objetivo era el mantenimiento en buen estado de salud de todos los animales y plantas en exhibición. Fue allí donde recibí el mejor y más diverso entrenamiento posible. Tiempo después, con su apoyo, inicié mis propias investigaciones dentro de Acuario, las cuales fueron publicadas en revistas científicas.

En lugar de continuar su carrera científica en EEUU, decidió volver a su país y llevar las ciencias marinas a República Dominicana por primera vez, ¿se han formado muchos científicos desde entonces?

No fue fácil comenzar a desarrollar la biología marina sola, sin embargo, el país, y en especialmente la Universidad, vivía en la década de los 60 una etapa muy especial de cambios a través del Movimiento Renovador, cuya misión era la de convertir la institución con una visión democrática, crítica e inclusiva, lo cual facilitó la creación y desarrollo de instituciones científicas. Me nombraron directora del Instituto de Biología Marina para que lo desarrollara, que entonces existía solo en papel. Comencé con excursiones casi diarias a zonas costeras cercanas recolectando especies marinas, preservándolas, identificándolas o manteniéndolas vivas en pequeños acuarios para formar lo que sería la primera colección de especies marinas dominicanas, que serviría de base para trabajos posteriores más amplios. En poco tiempo se acercaron profesores de otras ramas interesados en lo que hacíamos y se formó un primer equipo técnico, que empezó a publicar los resultados de las investigaciones.

Pocos años después, nos dimos cuenta de que esto no era suficiente, que se requería un personal especializado y promovimos, junto a profesores de la recién creada Facultad de Ciencias -en 1966- y asesores internacionales, el primer programa de licenciatura de biología en la Universidad Autónoma de Santo Domingo.

En la actualidad se siguen formando aquí biólogos con diversas especialidades. Fui profesora de métodos de investigación y otras materias durante 25 años y directora del Instituto de Biología Marina, hoy denominado Centro de Investigaciones de Biología Marina (CIBIMA), los cuales continúan contribuyendo, de manera efectiva, al desarrollo de las ciencias marinas del país.

¿Con qué se quedaría de tantos años de docencia?

Con la alegría de que todavía me saludan con un ‘hola profe’.

Además de la docencia, su carrera científica siempre ha estado enfocada a la conservación…

Son dos conceptos que deben mantenerse unidos para avanzar. Hoy día se ha fortalecido aún más esta relación con la definición del concepto desarrollo sostenible, el cual está siendo aceptado y utilizando por todos.

¿Cuáles son los principales retos a los que se enfrenta la conservación marina en el Caribe en la actualidad?

República Dominicana tiene un 10,6% de sus aguas protegidas. Pero para que sean efectivas se requiere de importantes inversiones, con el fin de cumplir con todos los objetivos de conservación y evitar lo que hoy señalamos como áreas protegidas en papel. De ahí que los trabajos de investigación para el establecimiento de un área protegida deban tener un carácter multidisciplinario, para asegurar el desarrollo socioeconómico y la conservación de la biodiversidad marina.

La contribución de Idelisa a la creación del primer santuario de ballena jorobada en el Atlántico Norte hoy en día es fundamental para el ecoturismo de República Dominicana.

Por otra parte, existió por un tiempo la percepción generalizada de la capacidad infinita de los océanos para absorber todos los desechos de las poblaciones costeras, razón por la cual océanos y mares como el Pacífico, Atlántico y el Caribe se han convertido en los receptores de estos desechos. Este verano, en República Dominicana, las lluvias provocadas por la tormenta Beryl arrastraron inmensas cantidades de basura que cubrieron por completo el estuario del Río Ozama y parte de la zona costera de la ciudad de Santo Domingo. Supuso un enorme impacto y el despertar general de la ciudadanía sobre el manejo de los desechos sólidos. El costo de la recolección fue muy alto. Una lección para reflexionar.

Además, el cambio climático está modificando el equilibrio de las temperaturas en el planeta y los océanos no escapan a esta situación. Afecta a las temporadas de tormentas, a las rutas migratorias de animales y a la disponibilidad de alimentos. Más de un 70 % de los habitantes del Caribe vive en áreas costeras lo que implicaría un ordenamiento que no siempre se observa.

La educación de las ciencias marinas en todos los niveles es un asunto prioritario.

¿Se ha encontrado obstáculos en su carrera por su condición de mujer?

Los obstáculos encontrados los consideraba como retos que debíamos enfrentar y solucionar, esmerándonos en realizar el trabajo con calidad, a través de un diálogo, armonizando las diferencias que se suscitaban.

Por último, ¿qué le diría a las mujeres y niñas que se sienten inspiradas por su trabajo?

El océano es tan vasto y contiene tantos recursos inexplorados que necesitamos mas personal entrenado, así como una mayor conciencia social sobre nuestro deber de cuidar con la misma pasión la región terrestre y la marina. Es necesario el fortalecimiento en la educación sobre estos temas marinos, en especial, el aumento de las investigaciones para formar, no solo profesionales expertos, sino ciudadanos conscientes de que nuestros mares y océanos son parte de nuestro mundo.

 

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