Grace Young: una ingeniera oceánica comprometida con la exploración y la conservación del mar

“Las mujeres representan una pequeña fracción de los ingenieros del mundo y eso es un montón de talento sin explotar”

Grace Calvert Young nació en Ohio (EEUU) en 1993 y a los 12 años su familia se trasladó a Washington DC. Allí comenzó su pasión por el océano, buceando y navegando desde muy joven entre los Grandes Lagos y la bahía de Chesapeake. Durante su infancia compaginó su afición por el ballet y la robótica hasta que comenzó a estudiar ingeniería oceánica en el Massachussets Institute of Technology (MIT). Pasó 15 días bajo el agua en la Misión 31, convirtiéndose en la mujer acuanauta más joven de la historia, y el año pasado fue nombrada exploradora emergente de National Geographic. En la actualidad realiza su tesis doctoral en la Universidad de Oxford desarrollando técnicas de modelado 3D para estudiar y proteger los arrecifes de coral y es la investigadora principal en la construcción del submarino Pisces VI.

Glosario

Un acuanauta es cualquier persona que permanece bajo el agua respirando a la presión ambiental durante el tiempo suficiente para que la concentración de los diferentes componentes inertes del aire que respiramos disuelto en los tejidos del cuerpo alcance el equilibrio, en un estado conocido como saturación. Por lo general, esto solo se hace en laboratorios submarinos como el Aquarius, durante períodos superiores a 24 horas sin regresar a la superficie.

El laboratorio Aquarius es uno de los tres laboratorios submarinos que existen en el mundo dedicados a la ciencia y la educación. Aquarius es propiedad de la NOAA y se dedica al estudio y la conservación de los ecosistemas marinos, la educación, el desarrollo tecnológico y la capacitación profesional.

Un rebreather es un aparato de respiración que absorbe el dióxido de carbono que exhalamos para que podamos volver a respirar el mismo aire y obtener el oxígeno no utilizado en la anterior inspiración.

Versión original aquí   

 

¿Cómo empezó tu interés por la ciencia y la tecnología?  

Siempre disfruté de las matemáticas en el colegio, pero no fue hasta que mi instituto comenzó un programa de robótica que descubrí la ingeniería. Yo era estudiante de primer año en ese momento y la primera niña en unirse al programa. Fue una revelación. Aprendí a diseñar, construir, programar y operar mis propios robots y la ingeniería me hizo sentir como un pez en el agua.

¿Y cómo te interesaste en los océanos?  

Me crié alrededor de los Grandes Lagos y la Bahía de Chesapeake. Aprendí a navegar y a bucear relativamente joven y siempre me encantaba estar en el agua o cerca de ella. Y cuanto más tiempo pasaba y aprendía sobre los ecosistemas acuáticos, mejor comprendía el papel fundamental del océano en mantener la vida en la Tierra.

¿En qué momento combinaste ambas pasiones?  

Eso fue cuando llegué a el MIT. Terminé pronto el instituto y al principio no sabía bien qué hacer. Pero cuando descubrí que el MIT tenía un programa de ingeniería oceánica, supe que había encontrado el lugar perfecto para combinar mi pasión por el océano y la ingeniería.

Antes de esto estuviste a punto de convertirte en bailarina profesional, ¿por qué elegiste la ingeniería en lugar del ballet?  

Fue una decisión difícil. Adoro el ballet y el arte en general y le he dedicado innumerables horas desde muy pequeña. Sin embargo, si te tomas en serio una carrera profesional en ballet, es difícil compaginarlo con una carrera académica, porque los entrenamientos a ese nivel demandan mucho tiempo. Logré compaginar ambas cosas una temporada, pero después de unirme al programa de robótica de mi instituto empecé a pasar todo el rato pensando en mi robot, incluso cuando estaba en la barra de ballet. Pasaba todo mi tiempo libre en el laboratorio de robótica y me di cuenta de que era algo que quería convertir en mi profesión.

He conocido a otras bailarinas convertidas en científicas -hay varias, ¡más de las que podrías pensar!-. El ballet es un gran entrenamiento para hacer ciencia porque combina disciplina y creatividad. Me sigue encantando el ballet, pero ahora sobre todo como espectadora.

Empezaste a estudiar ingeniería mecánica y oceánica en el MIT a los 17 años, ¿cómo fue tu experiencia allí?  

Fue fantástico, aunque un poco inesperado porque durante ese verano no me había planteado solicitar una plaza. Visité el MIT para participar en un concurso en una feria de ciencia y me recomendaron que presentara mi solicitud rápido antes de que acabase el plazo. Y al final la presenté en el último minuto. Cuando llegué como estudiante de primer año fue un poco desalentador: estudiantes y profesores de todo el mundo, todos tan comprometidos… Tuve que esforzarme mucho y descubrí la importancia de la colaboración. En el instituto estaba acostumbrada a estudiar sola y en el MIT es esencial trabajar en grupos, lo que realmente hizo que la experiencia de aprendizaje fuera más efectiva y que aprendiese y lograse mucho más como equipo, además de ser mucho más agradable. Además, hay muchas otras actividades en el MIT aparte de la ciencia y la tecnología. Me uní al equipo de vela nada más llegar al campus y, para seguir relacionada con el arte (y obtener pases de prensa gratuitos para el Ballet de Boston y otros eventos culturales), me uní al periódico estudiantil The Tech como redactora. Así que la experiencia general en MIT fue verdaderamente fantástica.

Además, durante tu etapa en el MIT participaste en la Misión 31, viviendo bajo el agua durante 15 días y convirtiéndote en la mujer acuanauta* más joven del mundo hasta el momento. ¿Cómo es vivir bajo el mar durante tanto tiempo?  

Pues volvería ahora mismo. Nuestro equipo se preparó cuidadosamente para la Misión 31, por lo que pudimos aprovechar al máximo el tiempo bajo el agua y estábamos preparados para lidiar con cualquier cosa que pudiera salir mal. Vivir como un acuanauta es diferente a vivir en un submarino, aunque muchas personas lo confundan. El cuerpo de un acuanauta está saturado con nitrógeno, por lo que puedes pasar tanto tiempo en el agua como necesites. De esta forma, podíamos pasar hasta 12 horas al día en el agua en lugar de los 45 minutos que nos permitiría una inmersión tradicional. Esto marca una gran diferencia en lo que puedes hacer y aprender bajo el agua. Y esto permitió también sentirnos como parte del ecosistema marino junto a meros, rayas y otros animales salvajes. Por mucho que extrañara a familiares y amigos, fue agridulce abandonar el laboratorio submarino Aquarius* después de 15 días.

Durante la Misión 31, trabajaste en adaptar para usar bajo el agua una cámara de ultra-alta velocidad desarrollada por ingenieros del MIT para usar en tierra, ¿funcionó?  

Sí, el Edgertronic funcionó muy bien. Tuvimos que diseñar y construir una carcasa especial para que funcionara bajo el agua, pero funcionó y capturamos algunas imágenes extraordinarias que el ojo humano nunca había visto.

 

Creo que celebraste tu graduación bajo el agua, ¿es así?

Sí. La Misión 31 se retrasó hasta finales de la primavera, así que ya sabía que me perdería la ceremonia de graduación. Los graduados del MIT tienen la tradición de “voltear a la rata de bronce” (girar el anillo de clase, que representa a un castor que es la mascota de la escuela) al final de la ceremonia de graduación. Mientras estaba bajo el agua, un amigo me hizo saber la hora exacta a la que mis compañeros giraban sus anillos y yo hice lo mismo desde el agua.

Después de graduarte en el MIT continuaste investigando en desarrollos tecnológicos para el buceo… Háblanos de tu trabajo con los rebreathers*.  

La tecnología rebreather permite bucear más profundo y por más tiempo que los sistemas tradicionales, por lo que aumenta las posibilidades para la investigación submarina. Nuestro equipo de Oxford fue el primero en el Reino Unido en utilizar la tecnología rebreather para la investigación. Pero se necesita mucha experiencia, especialización y, aun así, hay que tener mucho cuidado. Todo el gas respirable que necesitas lo llevas contigo y debes mantener la calma bajo presión.

Inmersión con rebreather en el Mar Rojo. Foto: Thinking Deep

Tu tesis tiene como objetivo desarrollar técnicas de modelado 3D* subacuático que puedan aplicarse en la monitorización y protección de los arrecifes de coral, ¿en qué consiste exactamente?  

Los arrecifes son puntos calientes de biodiversidad en el océano y sabemos que una de las razones por la que son capaces de sostener tanta vida es que tienen una geometría 3D única. He desarrollado un método para obtener modelos tridimensionales de los arrecifes a partir de las fotos que los buzos realizan. Mi equipo y yo, pertenecientes a la Universidad de Oxford y la organización Operation Wallacea, hemos realizado modelos 3D de arrecifes de todo el mundo y estudiamos cómo su geometría puede servir para predecir la abundancia de peces.

Recientemente, la NASA se interesó en tu metodología de modelado 3D para aplicarla en la exploración espacial, ¿cómo te sentiste y cómo fue la experiencia de trabajar en la NASA?  

Trabajar en la NASA, en su laboratorio Frontier Development, fue otra experiencia única. Fue un proyecto de investigación de ocho semanas en el que participamos 24 científicos de todo el mundo divididos en seis equipos, cada uno con un objetivo de investigación específico. Cada miembro del equipo era de una disciplina diferente, por lo que todos aprendimos mucho los unos de los otros y contribuimos con nuestra propia experiencia para lograr un objetivo común en un período de tiempo muy corto. Fue otro ejemplo de la importancia y efectividad de la colaboración.

Entonces, una técnica desarrollada para ayudar a comprender, conservar y administrar los recursos del océano finalmente podría aplicarse para explorar el espacio. ¿Crees que, como sociedad, estamos eligiendo adecuadamente nuestras prioridades de investigación?  

Eso es algo en lo que he estado pensando mucho. Me molesta que gastemos mucho más en la exploración espacial que en la investigación oceánica cuando el 95% del océano, que comprende la mayor parte de la superficie de la Tierra, permanece sin explorar y en gran parte desconocido para la ciencia. No digo que no haya que gastar en exploración espacial, pero no se dedican suficientes recursos a la investigación oceánica. Es el océano lo que distingue a la Tierra de cualquier otra roca en el espacio. Es el océano el que sostiene la vida humana, el que produce más del 50% del oxígeno que respiramos, regula nuestro clima y alimenta a miles de millones de personas.

Precisamente hablas de esto en tu charla TEDx titulada “¿Por qué sabemos más sobre el lado oscuro de la luna que sobre las profundidades del océano?”  

Cierto. Sabemos que la vida tal como la conocemos depende del océano, pero sabemos poco al respecto. Sabemos que el océano está sufriendo los efectos de la contaminación, la sobrepesca, el calentamiento y las emisiones de CO2, que ya no pueden absorberse de manera efectiva por el océano; pero no sabemos lo suficiente sobre sus efectos y sobre la mejor manera de utilizar la tecnología para corregir la situación.

El año pasado fuiste seleccionada entre los 14 exploradores emergentes de National Geographic, ¿qué ha significado para ti?  

Ha significado mucho. Por supuesto es un gran honor; pero para mí lo más importante es formar parte de una comunidad de personas dedicadas a la exploración y la conservación y tener otra plataforma de divulgación para hablar con estudiantes de todo el mundo e inspirarlos a aprender más sobre el océano.

¿Qué estás haciendo ahora?  

Varias cosas. Participo en diferentes proyectos de investigación marina y soy la investigadora principal del proyecto Pisces VI para desarrollar un submarino tripulado que, con suerte, hará que la investigación en aguas profundas sea más accesible y asequible para la comunidad científica en general.

Como ingeniera, ¿cuáles crees que son los desafíos de la oceanografía en el futuro?  

Una de las razones por las cuales el océano sigue estando en gran parte inexplorado es porque es un medio incompatible con la biología humana. Nuestros cuerpos no pueden soportar la presión más allá de unos pocos metros en la superficie, es oscuro, la comunicación es extremadamente difícil, etc. Pero los nuevos avances en robótica y tecnologías de imagen están abriendo las profundidades del mar para la exploración. Hasta ahora no hemos hecho nada más que empezar, pero creo que veremos descubrimientos emocionantes en los próximos años.

Al menos en España, hay muy pocas mujeres estudiando ingeniería oceánica, ¿crees que faltan referentes femeninos para niños y niñas?  

Tal vez, pero no tendría por qué ser así. Sylvia Earle, la legendaria exploradora oceánica, es una gran inspiración para mí y conozco a muchas otras mujeres que ahora participan en la investigación oceánica. Todavía estamos poco representados en este campo, pero creo que eso va a cambiar porque hay muchas jóvenes con talento.

Mucha gente habla de ti como la próxima Sylvia Earle, ¿cómo te sientes con eso?  

Sylvia Earle es incomparable, nunca podrá haber una próxima. Pero, sin duda, es un referente para mí y para muchas otras mujeres. El simple hecho de ser nombrada en la misma frase que ella es un honor increíble. Si consigo una pequeña fracción de su éxito en inspirar a los jóvenes y conseguir que los responsables políticos tomen las decisiones correctas para conservar el océano seré muy feliz.

¿Has encontrado obstáculos en tu carrera por ser mujer?  

Realmente no. He encontrado que la comunidad científica mundial es extremadamente colaborativa.

Finalmente, ¿qué les dirías a las mujeres y niñas que se sienten inspiradas por tu trabajo?  

Que es un buen momento para hacer una carrera en ciencia y tecnología y que necesitamos tu talento. La solución a muchos de los problemas ambientales más apremiantes de nuestra sociedad está más allá de la capacidad de los gobiernos y los políticos. Cada vez más, el mundo debe confiar en soluciones tecnológicas y eso requerirá tanto talento como la raza humana puede desplegar. En este momento las mujeres representan una pequeña fracción de los ingenieros del mundo y eso es un montón de talento sin explotar que necesitamos para resolver grandes problemas si queremos mantener la vida como la conocemos en la Tierra.

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