Elena Barcala: bióloga marina volcada en el estudio de algunos de los peces más emblemáticos y amenazados de nuestras aguas

“Hay que tener una visión muy amplia para hacer una gestión adecuada de las especies”

Elena Barcala nació en Madrid en 1963 y a los 15 años volvió junto a su familia a su lugar de origen: Murcia. Allí empezó a estudiar Biología para luego especializarse en Biología Marina en la Universidad de la Laguna. Desde 1990 ha ido encadenando contratos con el Centro Oceanográfico de Murcia del Instituto Español de Oceanografía (IEO) en diferentes proyectos hasta que, en 2009, obtuvo su plaza como científica titular. Su carrera científica ha estado siempre vinculada al estudio de los resultados de la protección de áreas marinas, así como al estudio de especie amenazadas como como el caballito de mar o la anguila.

¿Cuándo supo que quería estudiar ciencias?

De siempre la verdad. Siempre me tiró la ciencia y el mar mucho porque mi padre era marino mercante y siempre hemos estado veraneando al borde del mar. Llevo el salitre en las venas.

¿Cuándo decidió estudiar biología marina?

En principio quería estudiar veterinaria, pero después me incliné por la biología. Estudié hasta tercero de carrera en la Universidad de Murcia y después me fui a la Universidad de La Laguna a hacer la especialidad de biología marina que, en aquel entonces, era de los pocos sitios de España donde se podía estudiar algo relacionado con el mar.

¿Cómo recuerda esos años en Canarias?

Muy bien, una inmersión total en el medio marino que era lo que me gustaba. Además, aquí establecí mi primer contacto con el Instituto Español de Oceanografía (IEO). Iba como alumna meritoria a la planta de cultivo del laboratorio de Tenerife y, cuando venía en verano a Murcia, iba con la misma fórmula a la planta del centro de recursos marinos del actual Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA). Por entonces parecía que mi línea de trabajo se encaminaba por la acuicultura, que era lo que más se potenciaba en aquella época.

¿Y qué hizo cuando terminó la carrera?

Volví a Murcia y como quería seguir trabajando en cosas marinas fui al Departamento de Ecología e Hidrología y hablé con Ángel Pérez Ruzafa, hoy catedrático de la universidad y en aquel entonces doctorando. Entré a trabajar allí y acabé implicada en estudios de impacto ambiental en el medio marino, muchos de ello en el Mar Menor, aunque también en otras zonas del Mediterráneo, como un estudio que hicimos para estudiar el potencial de Cabo de Gata para la reintroducción de la foca monje. Pero era una época, a partir de 1987, de una crisis económica importante. Se daba a los proyectos dinero para material, pero no para gente. Entonces muchos trabajábamos allí casi por amor al arte. Trabajando en este plan hice mi tesina sobre ecología de peces, que fue la línea por la que finalmente me decanté.

Entonces comenzó el doctorado…

Mi tesis se centró en especies de peces de los fondos del Mar Menor. Esto me llevó a volver a entablar relación con el IEO ya que, por medio de una colaboración, pude realizar algunos de los objetivos de la tesis como era el estudio del ictioplancton lagunar. Llegamos a un acuerdo y salíamos con los barcos del oceanográfico. Y en 1990 llegaría mi primer contrato con el IEO como técnico en un proyecto para caracterizar la actividad pesquera de la Región de Murcia y parte del levante.

¿Así empezó a trabajar en el IEO?

Ese fue mi primer contacto con la investigación pesquera. Pero se me acabó ese contrato y volví a la universidad y, ya posteriormente, me volvieron a salir contratos en el IEO y empecé a trabajar con Julio Mas en reservas marinas. Evaluaba el efecto que la protección de una zona tenía sobre el rendimiento pesquero de la flota artesanal. Fui encadenando un contrato con otro, siempre relacionados con esta línea. Y mientras tanto fui terminando mi tesis sobre la ecología de los peces bentónicos del Mar Menor.

Elena durante un muestreo con la flota artesanal del Mar Menor

Y en 2009 sacó su plaza fija en el IEO, ¿es así?

Antes me presenté a otras oposiciones, pero se ve que no era mi momento. Después tuve un contrato laboral para el Programa Nacional de Recopilación de Datos Básicos para la política pesquera comunitaria y estuve unos años trabajando en exclusiva en este programa. Estando con ese contrato me preparé la oposición y la saque en el 2009 como científico titular del IEO y volví a trabajar en reservas marinas y pesca artesanal.

Una de sus principales líneas de trabajo en estos años ha sido el estudio de especies amenazadas, entre ellas el caballito de mar en el Mar Menor ¿cómo se encuentran sus poblaciones en la actualidad?

El caballito de mar antes era muy abundante. Era raro la persona que vivía en Murcia ligada al Mar Menor que no tuviese un caballito de mar seco en su casa. Se encontraban por la playa, había muchísimos. Pero a partir de finales de los 70 principios de los 80, las poblaciones se vinieron abajo y esta situación se ha mantenido hasta ahora. Están bajo mínimos.

Un caballito de mar en el Mar Menor, durante uno de los censos de la Asociación Hipocampus

¿Cómo empezó a trabajar con esta especie?

Debido a esta situación tan crítica en la que se encontraba la especie, en 2007, constituimos junto con otras personas interesada en el caballito de mar la Asociación Hipocampus. Yo era parte de la asociación porque la había cofundado y era socia, pero mi papel dentro de las actuaciones que realizamos era como investigadora del IEO. Contando con los fondos del voluntariado ambiental de la Región de Murcia, montamos todo un sistema de muestreos para ver cómo estaban las poblaciones dentro de la laguna. Por medio de censos visuales, determinamos en qué zonas había caballitos, la proporción de sexos, los tamaños, si se asociaban a unos fondos determinados… Esto llevaba una labor previa de entrenamiento de los buzos voluntarios porque los caballitos de mar se camuflan mucho. Además, como los buceos se realizaban casi siempre a profundidades pequeñas, había que enseñarles a moverse sin revolver el fondo para no disminuir la visibilidad ni dañar a los caballitos.

Además, intentaron reproducir en cautividad el caballito, ¿cómo fue la experiencia?

Realizamos otra serie de experimentos, entre ellos intentar su cría en cautividad. No logramos su reproducción porque no tuvimos las condiciones adecuadas, pero sí tuvimos una supervivencia del 95% de los chiquitines que pescábamos con redes de plancton. Demostramos que podía ser una buena medida de gestión para recuperar las poblaciones capturar juveniles cuando salen del vientre del padre y se van a la superficie, llevarlos a acuarios para su alimentación y liberarlos al medio una vez alcanzan la talla adulta. De esta forma ayudábamos a la población reduciendo las elevadas tasas de mortalidad que tiene la especie en su fase inicial. Tuvimos una colaboración fundamental con la Academia General del Aire que, además de poner a nuestra disposición sus embarcaciones y material de buceo, nos permitieron instalar las jaulas donde aclimatábamos los caballitos en las aguas de navegación restringida dentro de la base, antes de liberarlos al medio natural de nuevo.

Elena liberando caballitos de mar crecidos en cautividad a su hábitat natural

Otra de las especies amenazadas con las que trabaja es la anguila, ¿también es crítico el estado de esta especie?

El estado de esta especie es muy crítico a nivel mundial. La anguila europea, que es la que llega al Mediterráneo está muy amenazada. Se pesca en todas sus fases de desarrollo, no solo como adulto, sino también como prejuvenil: las famosas angulas. A esto se suma la alteración de sus hábitats, sobre todo en los ríos, por construcción de presas, así como la contaminación, las enfermedades y la parasitación.

Porque la anguila es un pez muy singular que pasa parte de su vida en el océano y parte en ríos…

Así es. Se reproduce en el mar de los Sargazos y luego las larvas siguen la corriente y cruzan el Atlántico hasta las costas europeas: desde Islandia hasta el sur de Marruecos, incluyendo el Mediterráneo. Una vez llegan las larvas a las desembocaduras de los ríos, sufren su primera metamorfosis y pasan de larva a angula. Las angulas entran en los estuarios o lagunas costeras donde crecen para convertirse en anguila amarilla y, por último, sufren una nueva metamorfosis para convertirse en anguila plateada, que serán las que vuelvan a migrar de vuelta al mar de los Sargazos a profundidades de hasta 3000 metros.

¿3000 metros?

Por eso se sabe tan poco de la anguila en mar abierto y por eso tiene que sufrir las metamorfosis que sufren antes de volver al mar de los Sargazos. Debe adaptar su fisiología para pasar de vivir en un río o en una laguna a profundidades muy someras a vivir a miles de metros de profundidad. Cambian por ejemplo sus ojos, que se hacen más grandes para ver en profundidad… Además, dejan de comer y toda la energía acumulada durante su vida en agua dulce la utilizan para la natación y para desarrollar sus gónadas durante el camino de vuelta para estar listas al llegar a su destino.

¿Qué trabajo está haciendo su equipo para proteger esta especie?

El Departamento de Veterinaria de la Universidad de Murcia, la Secretaria de Pesca de la Región de Murcia y el IEO, a través del Campus Mare Nostrum, hemos desarrollado un proyecto Séneca para el estudio de la anguila en el Mar Menor. El primero objetivo fue ver en qué condiciones sanitarias se encontraban las poblaciones: virus, bacterias, parásitos… ver si tenían muchos contaminantes y estudiar las características biológicas y de población en la laguna del Mar Menor. Hemos extraído una serie de conclusiones muy interesantes que son aplicables a los planes de gestión en la Región y también a nivel nacional y europeo.

Muestreando anguilas para conocer la salud de la población

¿Por qué es importante conocer la salud de las anguilas?

Es importante evaluar si las anguilas que salen del Mediterráneo están en condiciones óptimas para llegar al mar de los Sargazos y contribuir a la reproducción. Porque se pueden hacer muchas medidas de gestión, como prohibir la pesca, pero si resulta que están afectadas por otros motivos como la contaminación, presencia de bacterias, la alteración de sus hábitats… y su condición corporal no es buena, entonces da igual que prohíbas la pesca o cualquier otra medida. Por ejemplo, hay un parásito que no existía en anguilas europeas y que se ha introducido del sudeste asiático que afecta a la vesícula natatoria y por tanto a la capacidad de las anguilas para regular la profundidad y se cree que está afectando a la migración. También se ha observado que las anguilas ahora acumulan menos grasa y están peor preparadas para su largo viaje. Así que hay que tener una visión muy amplia para hacer una gestión adecuada de la especie e intentar que no desaparezcan de nuestras aguas.

El impacto de la pesca en especies explotadas es otra de sus líneas de trabajo, concretamente es responsable del seguimiento de las pesquerías de rape en el Mediterráneo. ¿Es sostenible la pesca de esta especie?

Esta especie no está muy evaluada. El rape en el Atlántico es muy muy importante, pero en el Mediterráneo es una captura secundaria. Entonces, al no ser una especie objetivo, no está tan castigada como otras especies –que en el Mediterráneo son casi todas-, pero sus niveles de explotación ya están siendo importantes y es necesario empezar a tomar medidas que regulen su captura. Su estado no es tan crítico como otras, pero sí que debería empezar a prestarse atención.

Elena (segunda por la izquierda) junto a algunas compañeras en una campaña MEDITS de evaluación de recursos pesqueros en el Mediterráneo

¿Ha encontrado obstáculos en tu carrera por el hecho de ser mujer?

En la universidad no. En el IEO hubo una época que un poco, porque tenía una estructura muy jerárquica y al principio era de hombres. Había muy pocas mujeres y algunos compañeros no llevaban bien que una mujer entrara en su terreno a trabajar. Pero han sido los menos. En general no he tenido problemas de discriminación. Al principio me resultó más difícil trabajar con el sector pesquero, pero ahora las nuevas generaciones están mucho más abiertas.

Por último, ¿qué le diría a las mujeres y niñas que se sientan inspiradas por su trabajo?

Que no pierdan la ilusión, que la ilusión mueve montañas. En estos días hay más opciones para el estudio del océano ya que, por fin, estamos volviendo nuestra mirada al mar que nos rodea. Hay más opciones, pero es difícil. Así que no desmotivarse y persistir, que el que la sigue la consigue.

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