Ana Payo: experta en aves marinas, divulgadora entusiasta y conservacionista convencida

“No sabía que quería ser, acabé siendo oceanógrafa y me encanta serlo”

Ana Payo-Payo nació en Zamora en 1986. Su interés por la ciencia en general le llevó a estudiar ciencias del mar. Su pasión por la naturaleza y la convicción de que su trabajo genere soluciones, le llevó a especializarse en conservación de la biodiversidad*. Recientemente terminó su tesis doctoral sobre la ecología de las gaviotas y actualmente se encuentra en Escocia donde sigue trabajando con aves marinas. Esta joven oceanógrafa no se esconde detrás de sus investigaciones y sus complicados modelos. Comprometida con la divulgación, la conservación de la naturaleza y la igualdad de género en la ciencia, Ana Payo-Payo ha participado recientemente en una expedición internacional a la Antártida, lo que le ha valido el reconocimiento con la Medalla de Oro de Cruz Roja.

Glosario

Biodiversidad: es el conjunto de seres vivos que habita un lugar determinado y los procesos naturales que la conforman, resultado de miles de millones de años de evolución.

Tortuga baula: también conocida como tortuga laúd o por su nombre científico Dermochelys coriacea, se trata de la tortuga marina más grande y más antigua del planeta. Puede llegar a pesar 900 kg y vivir 100 años.

Hueveros: personas que se dedican a recolectar huevos de tortuga para su consumo o venta.

Dinámica de poblaciones: es una especialidad de la ecología que estudia los cambios de las poblaciones biológicas en cuanto a tamaño, estructura de edad, sexo y otros parámetros que las definen, así como de los factores que causan esos cambios.

Modelización: es una de las principales herramientas de la dinámica de poblaciones y consiste en utilizar las matemáticas para intentar predecir cómo afectan los cambios en el ecosistema a las características de una población. Tiene una gran importancia en la gestión de los recursos naturales, como en las pesquerías.

Cambio climático: es un cambio en los patrones meteorológicos durante un periodo prolongado de tiempo y puede estar causado por una variación de la radiación que recibe la Tierra, por grandes erupciones volcánicas, procesos biológicos de gran escala o la actividad humana.

¿Cómo comenzó tu interés por el océano?

Más que el océano en sí, que me interesa mucho, lo que siempre me ha gustado es la naturaleza. Soy de secano, de Zamora, pero soy oceanógrafa y mi hermana también. No sé si porque mis padres nos llevaban de vacaciones al mar o por qué… En realidad, es importante desmitificar la idea de que los que hacemos ciencia o los que somos oceanógrafos siempre lo hemos querido ser. A veces por el camino te encuentras cosas y no puedes saber si te gusta hasta que no lo pruebas.

¿Y cómo decidiste estudiar ciencias del mar?

Me compré una guía de universidades, empecé a tachar las carreras que no me gustaban y me quedaron cuatro o cinco, entre ellas ciencias del mar y ambientales. Y al final hice las dos. Ciencias del mar la elegí porque tenía un poco de todo: física, matemáticas, química… todas las cosas que me gustaban.

¿Y qué tal fue tu etapa en la universidad?

Ciencias del mar me encantó. No me equivoqué en nada porque me dio un montón de herramientas muy diferentes. A veces te encuentras a gente en el desarrollo de tu carrera que te critica que sepas de todo un poco y no sepas de nada en particular… Pero bueno, igual ese es el fuerte que tenemos.

Te graduaste con honores en la Universidad de Cádiz en 2010 y ese verano fuiste a Costa Rica a trabajar con tortugas. Cuéntanos un poco esa aventura…

Acabé la carrera y no sabia muy bien que quería hacer. Tenía muy buenas notas y todo el mundo me insistía en que tenía que hacer un doctorado. Pero yo no sabía si quería hacerlo, ni dónde, ni sobre qué. Así que puse tierra y mar de por medio y me fui a Costa Rica. Eran tres meses de voluntariado y me quedé al final seis trabajando de coordinadora. Organizaba la logística de la estación y nos dedicábamos a monitorizar las poblaciones de tortuga baula* y a controlar a los hueveros*.

¿Fue esa experiencia la que te llevó a estudiar gestión y conservación de la biodiversidad o ya lo tenías claro antes?

No sé que vino antes… Durante la carrera siempre quise que lo que hacía tuviese impacto en la sociedad y generase soluciones; y a través de la gestión y la conservación de la biodiversidad vi que podía hacerlo. Hice el máster en 2011, pero aún no sabía a qué me quería dedicar y me fui a trabajar al Museo de Ciencias Naturales durante un tiempo como técnico. Y fue allí cuando finalmente me di cuenta de que quería hacer investigación.

Y después de todo eso llegaron las aves marinas, concretamente las gaviotas. ¿Qué nos puedes contar de esto?

Lo primero es que las gaviotas vinieron, no las escogí yo. Me preguntan mucho “¿cómo has acabado estudiando gaviotas?”, pues no lo sé. Es igual que lo de la vocación de los oceanógrafos… yo no sabía que quería ser, acabé siendo oceanógrafa y me encanta serlo. Pues con las gaviotas igual… Me interesaba el tema de estudio, que era la dinámica de poblaciones* y la modelización*. Pero siempre he intentado elegir más que en qué trabajo con quién trabajo. Así que me terminé de decidir por mi director de tesis y por la gente que había a su alrededor.

Además de tu brillante currículum científico, pese a tu juventud, destaca en tu carrera tu pasión por la divulgación. Muchos seguro que te conocerán por tus monólogos científicos, especialmente el de Laura y Paco, con el que obtuviste el segundo puesto del concurso internacional FameLab, ¿cómo fue esa experiencia?

Pues ahora miro para atrás, que hace ya cinco años de eso, y fue una experiencia muy buena. Me ha dado muchas cosas hacer divulgación. Te obliga a reflexionar sobre lo que estás haciendo, para qué sirve, por qué es importante, … A veces los científicos nos ponemos una gorra elitista y nos creemos que la gente no nos va a entender, pero luego te sorprendes viendo cómo el público se ilusiona por las cosas que estás haciendo y las preguntas que te hacen. Una vez en una charla una niña me preguntó que cuántas gaviotas había contado y cuando lo pensé y le di un número casi salta de la silla de la ilusión que le hizo. Son cosas que te dan energía para tu trabajo… la que a veces te quita la ciencia por otro lado.

Recientemente fuiste seleccionada para participar en una expedición de mujeres científicas en la Antártida, ¿cuál es el objetivo de este proyecto?

El objetivo principal del proyecto Homeward Bound es dar visibilidad a las científicas y ponerlas en el mapa de la toma de decisiones. Apenas un 11% de los puestos de liderazgo y responsabilidad en el mundo académico lo ocupan mujeres y eso al final supone una pérdida de diversidad y de capital intelectual.

¿Cuál ha sido tu papel en la expedición?

He sido una participante más de las 80 que hemos ido este año. El proyecto dura 10 años y pretende formar a 1000 mujeres que creen una red que trabaje por la visibilidad de las científicas y contra el cambio climático*. Mi papel ha sido formarme, aprender y darme cuenta de que puedo hacer muchas más cosas de las que creo. Ponerme en valor y poner en valor a las mujeres que hay a mi alrededor y usar mi visibilidad para que otras mujeres sean reconocidas.

¿Qué se siente al llegar a uno de los lugares más prístinos del planeta?

Es increíble, la belleza es indescriptible. Y te das cuenta de la escala de las cosas. Algunos problemas que nos parecen tan importantes allí tienen otra dimensión. Te sientes muy pequeño muy pequeño y muy vulnerable al pensar que, si te caes al agua, en dos minutos estas muerto.

¿Has encontrado obstáculos en tu carrera por ser mujer?

Hasta ahora, en mi trayectoria todo han sido becas y concursos por meritocracia pura y dura. Entonces es difícil discriminar ahí. Pero si me he encontrado en situaciones en las que se ha invisibilizado mi trabajo. Por ejemplo, después de dar una conferencia en vez de preguntarme algo relevante me han dicho que qué guapa estoy o qué ropa más bonita llevo. A estas cosas si me he enfrentado, pero de momento no me ha afectado a la hora de que me den o no un trabajo. El problema es que ahora entro en la etapa más crítica, cuando la gente de mi edad empieza a tener parejas y a querer tener hijos y ese es el techo de cristal, el suelo pegajoso, el acantilado después del río… Éste es el verdadero reto

Por último, ¿qué le dirías a las mujeres y niñas que se sientan inspiradas por tu trabajo?

Primero gracias. Segundo que mantengan la ilusión, que hagan lo que quieran hacer y lo que le digan las tripas. Y que si necesitan ayuda, la pidan

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